HACIA UNA INDUSTRIA TURISTICA INCLUYENTE Y SOSTENIBLE.
“ El negocio del turismo, que en otros países es grande, después de muchos estudios resultó practicable en Costa Rica. Nos parecía al principio, a los que nos interesamos en el asunto, que nuestro país no tiene cosas típicas, ni población precolombina, ni reliquias coloniales, que se suponen ser los mayores atractivos para el turismo internacional. Además creíamos que nuestros meses de lluvias serían un obstáculo…. …Creo que pronto tendremos en el país un gran número de visitantes…”
José Figueres Ferrer. CARTAS A UN CIUDADANO. 1949.
La antesala del turismo
Costa Rica llegó al S. XXI como un destino turístico de clase mundial que aporta a la economía nacional la tercera parte del monto de sus divisas y es el mayor empleador directo e indirecto del país. Sin embargo, apenas 50 años antes, el 90 % de las exportaciones nacionales aún dependían del café y el banano, y más de la mitad de la población económicamente activa trabajaba directamente en labores agrícolas.
Con la llegada del Partido Liberación Nacional al gobierno, el país logró notables avances en salud, educación, transporte, energía y telecomunicaciones que marcaron una señalada diferencia con los demás países de la región centroamericana. Sin embargo, Costa Rica continuó compartiendo con los países hermanos una estructura productiva débil y dependiente de sobreprotección arancelaria, exoneraciones fiscales y uso extensivo de recursos naturales y humanos.
Aunque ya en esos años la solidez de los principios socialdemócratas permitió enfrentar con acierto los desequilibrios sociales, el país no puso la misma atención al balance financiero y llegado el final de los años 70, la producción cayó en términos absolutos y con ella una crisis donde la inflación, el desempleo y la pérdida de valor adquisitivo en los salarios, afectaron sustancialmente el gasto social y duplicaron la pobreza del país.
Entonces, mientras buena parte de los países de América Latina creía haber encontrado la solución para ajustar sus desequilibrios financieros en una suerte de renacimiento del dogmatismo liberal, en Costa Rica el pensamiento socialdemócrata influyó para ajustar “a la tica” las recetas internacionales. Así se logró combinar las fuertes medidas de estabilización con esfuerzos dirigidos a restaurar el crecimiento económico y a compensar el impacto social de la crisis y aún de los ajustes mismos.
Hacia 1985, el país recibía unos 170.000 turistas cada año. La planta hotelera rosaba las 4.000 habitaciones y los turistas disponían de unas 5 opciones de tour. La estancia promedio no alcanzaba las 3 noches en el país. Los vehículos de alquiler no llegaban a las 500 unidades y las opciones de transporte aéreo internacional se limitaban a 6 aerolíneas y 2 empresas de vuelos rentados.
El resto de la región centroamericana no había corrido con la misma suerte y la factura por sus profundas desigualdades sociales fue el estallido de conflictos armados que acabarían con el escaso movimiento turístico de mercados de larga distancia hacia la región. El turismo es un fenómeno de paz que retrocede ante cualquier perturbación.
La visión de Don Pepe
A partir de 1985, la visión simplista y negativa del turismo que 40 años antes ya denunciaba don Pepe, cedió ante el descubrimiento del “Ecoturismo” como sello distintivo de un producto turístico costarricense, nuevo y consonante con las corrientes mundiales de conservación y respeto por los recursos naturales.
Por su posición geográfica y su enorme biodiversidad, Costa Rica estaba estratégicamente posicionada para lograr los mejores beneficios de una industria nueva, capaz de multiplicar como ninguna las divisas que genera. En los 5 años siguientes la visión de don Pepe comenzó a tomar forma: la llegada de turistas por vía aérea logró un sorprendente 19% de crecimiento anual, casi duplicándose al pasar de 167.000 a 315.000 visitantes; los vuelos internacionales semanales pasaron de 20 a 100, las 4.000 habitaciones hoteleras aumentaron a 10.000, los 5 tours tradicionales cedieron ante 14 nuevos “Tours de un día” a distintas regiones del territorio nacional, surgieron actividades como la observación de aves y del dosel de los bosques, el recorrido de aguas bravas en balsas inflables y un grupo de empresarios jóvenes se organizó para mejorar el sistema de distribución y dotar al país de su propia bolsa de comercialización turística: Expotur.
Costa Rica exhibió al mundo su excepcional condición de nación sin ejército y su democracia centenaria, y las mejores artes de la diplomacia liberacionista lograron la firma de los Acuerdos de Paz para Centroamérica y la distinción al Presidente de la República con un Premio Nobel.
La oportunidad
El incremento sostenido de la demanda de alojamiento hotelero en las nuevas regiones visitadas abrió a la industria turística la oportunidad de confrontar el viejo capitalismo empobrecedor de América Latina con una industria nueva, incluyente y especialmente apta para la movilidad social en cualquier rincón del país, por remoto que fuere.
Una hotelería de pequeña escala y propiedad familiar abrió las puertas del desarrollo a comunidades rurales como Monteverde, Manuel Antonio, Tortuguero y La Fortuna, entre los numerosos ejemplos que hoy pueden citarse. Con ella surgieron pequeños restaurantes, bares, tiendas y fábricas de artesanías de todo tipo, servicios de transporte local y guías residentes. Las aguas termales adquirieron nuevo valor; el paisaje, la flora y la fauna local se protegieron con renovado celo; la agroindustria de la región se fortaleció con el permanente flujo de viajeros y en muchos casos las propias fincas se convirtieron en sitios de visita y creció la urgencia de formación profesional entre los pobladores.
Para nuestro movimiento, la ampliación de este modelo a todas las regiones turísticas del país constituye un instrumento clave de movilidad social. Consideramos que las pequeñas y medianas empresas de servicios turísticos deben multiplicarse y fortalecerse incorporando a más y más costarricenses como barrera efectiva contra la pobreza particularmente en las áreas rurales.
La Costa Rica de hoy ha visto la edificación de una impresionante infraestructura en varias zonas costeras resultado de la extraordinaria posición del país como destino turístico de clase mundial. Sin embargo, el crecimiento económico y la distribución de la riqueza deben ir de la mano. Cuando el crecimiento económico producto del turismo no se ha traducido en desarrollo social, se ha errado el camino.
La ampliación y desarrollo de la industria turística que ha distinguido a Costa Rica, constituye el hilo conductor para la reconstrucción de los instrumentos económicos, sociales y políticos que permitan los mejores niveles de movilidad social para los costarricenses asegurando una relación justa entre crecimiento económico y redistribución de la riqueza. La permanente demanda de nuevos productos que caracteriza a la industria del turismo asegura el desarrollo y la sostenibilidad de más y más regiones y las oportunidades de educación a más costarricenses.
Una industria incluyente y sostenible
Nuestro movimiento considera impostergable una revisión en las políticas del turismo que sustituya de manera firme y definitiva el desarrollo anárquico de beneficios rápidos y especulación del territorio particularmente costero, por una industria turística incluyente y sostenible, no solamente en materia medioambiental donde ya su liderazgo es reconocido, sino en materia sociocultural, donde poca o ninguna atención se ha puesto, pese a que “los costarricenses y su manera de ser” continúan encabezando las estadísticas de lo que más ha gustado a los turistas durante su viaje.
La propuesta de nuestro movimiento contempla cinco temas de acción:
1- La calidad y la sostenibilidad como ejes de desarrollo para los destinos, los productos y las empresas de turismo.
Costa Rica ha sido exitoso en la venta de ecoturismo, aventura, sol y playa, turismo de salud y se perfila como destino de rural comunitario. Sin embargo, la demanda turística exige la continua renovación de los productos tradicionales y la búsqueda de nuevas alternativas. Con la inserción de más comunidades y regiones a las cadenas productivas del turismo, nuestro país tendrá la oportunidad de ampliar y renovar su vitrina comercial.
El turismo puede captar los aspectos económicos del Patrimonio Cultural y aprovecharlos para su conservación, generando fondos, educando a la comunidad e influyendo en su política. Las tradiciones, los sitios históricos, los conocimientos y las experiencias de un pueblo constituyen la semilla de productos turísticos nuevos. El turista de hoy quiere aprender sobre costumbres e historia del lugar donde se desplaza.
La extraordinaria posición del país en el mercado internacional hace impostergable la incursión en el mercado de los congresos y convenciones y para ello fomentaremos la edificación de instalaciones apropiadas en las regiones de mayor oferta hotelera. De igual modo, resulta impostergable la solución definitiva a las instalaciones, servicios y administración adecuada en puertos aéreos, terrestres, marítimos y fluviales.
La calidad y la sostenibilidad deben constituir los elementos diferenciadores de la industria del turismo frente a sus competidores en la región. Por ello deben fomentarse las certificaciones de sostenibilidad turística, la lucha contra el cambio climático mediante la neutralización de la huella del carbono, la bandera azul ecológica y el respeto por la Naturaleza y sus recursos y sobre todo, la sostenibilidad sociocultural de la industria turística.
El turismo ha cambiado, el ICT no. La institución no debe demorar más asumir su papel de promotora y facilitadora para la creación de productos turísticos nuevos.
2- La formación profesional, la innovación y el desarrollo tecnológico.
La educación es esencial para alcanzar una industria turística incluyente y sostenible. El país debe ofrecer programas y planes específicos de cualificación y especialización según los requerimientos de las diferentes regiones. Con la calidad y la sostenibilidad como referentes esenciales, la educación debe favorecer y estimular la innovación de productos y servicios y facilitar la inserción de nuevas tecnologías a fin de mejorar la competitividad de las pequeñas y medianas empresas. La educación igualmente debe orientar la identificación de nuevos productos y productos complementarios para aprovechar nichos o segmentos de mercados nuevos o no explotados.
3- La información estadística y el análisis económico.
Pese al notable éxito de Costa Rica en la industria, el país carece de un sistema articulado de indicadores estadísticos para el análisis de la economía del turismo. Urge en este orden fortalecer la investigación para el desarrollo y los estudios para la toma de decisiones.
4- La promoción y el apoyo a la comercialización.
El ICT debe mantener tanto su política de incrementos anuales en el presupuesto de promoción en el exterior, como su participación en campañas cooperativas con líneas aéreas internacionales. Sin embargo, los métodos para la medición de resultados deben ser revisados. El ICT debe rendir cuentas de su gestión.
El establecimiento de nuevas rutas aéreas, la llegada de nuevas aerolíneas, el incremento del número de asientos y el trato justo en el otorgamiento de permisos de operación, exigen la atención y apoyo del país. De igual manera, el país debe dirigir esfuerzos a la apertura de nuevos mercados y segmentos y conservar su política de promoción individual en los mercados emisores del continente. La iniciativa de una marca-país basada en la riqueza natural del país debe mantenerse.
La participación nacional en ferias y bolsas de comercialización internacional debe ser revisada a la luz de nuevos esquemas. Nuestro movimiento reconoce la importancia de las ofertas regionales para fortalecer los mercados de larga distancia.
Un programa social de turismo nacional destinadas a personas mayores, con los objetivos de facilitar su incorporación a las corrientes turísticas, al tiempo que paliar las consecuencias que en materia de empleo producen algunos hitos de la estacionalidad en el sector turístico del país y que se potenciarán con la actual crisis económica mundial, debe ser implementado sin demora.
5- La participación regional.
Las Municipalidades, las Cámaras y las Asociaciones de Turismo deben ocupar su sitio en el proceso de desarrollo de la industria e incursionar en tareas nuevas como la participación en la promoción turística de sus regiones, la estética urbana, la protección del patrimonio histórico y cultural y la seguridad ciudadana de los visitantes nacionales y extranjeros, al tiempo que fortalecer los mecanismos institucionales contra los riesgos sociales y ambientales del crecimiento de la industria. La vigilancia y control de la calidad y los servicios turísticos debe formar parte de la agenda municipal.
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Con los numerales descritos, nuestro movimiento se ha propuesto alcanzar los siguientes objetivos
• Consolidar la posición de Costa Rica como líder del desarrollo turístico sostenible, no solamente en materia medioambiental sino socio cultural y sustentar su liderazgo en la calidad de sus productos y servicios.
• Incrementar la rentabilidad de la industria.
• Diversificar la oferta y la demanda.
• Desarrollar nuevas regiones y facilitar la continua innovación de productos turísticos.
• Aumentar la calidad del empleo en el sector.
• Desarrollar mejores indicadores económicos.
• Fortalecer la seguridad de los turistas nacionales y extranjeros.
• Desarrollar acciones de plazo inmediato ante las posibles consecuencias de la crisis económica global.






